“Tengo la autoestima a la altura de las rodillas. Pero es que antes la tenía por los tobillos”.
Fernando Tejero (Córdoba, 60 años) proyecta esta mañana una serenidad casi extraña; extraña quizá porque está a años luz de de los personajes que suelen llevar su rostro, tan desafiantes, tan derrotados, tan directamente turbios a veces. A veces, no muchas, entre confesiones sobre sus recuerdos y su autoestima, Tejero mira a sus interlocutores en el jardín de su casa en El Escorial, o al menos les lanza fugacísimas miradas (es tan tímido que el contacto visual se le resiste) y se le intuye una cierta vulnerabilidad, como de animal fuera de su caparazón. Como si algo hubiera cambiado en él. Como si importase lo que él pueda cambiar a estas alturas. En el fondo, por muchos años que viva, la primera frase de su obituario ya está escrita. Él es Emilio Delgado, el portero de Aquí no hay quien viva, la mayor comedia de la televisión en España, emitida entre 2003 y 2009 en Antena 3 y todavía hoy desempolvada a diario, sobre todo entre menores de 30 años, a veces muy por encima de la mayoría de las novedades de las plataformas. La cara de Tejero es la cara del portero, y el portero, quizás el mayor perdedor de una serie esencialmente sobre perdedores, es la cara más representativa de este fenómeno. En 2013, además, empezó a encarnar a Fermín Trujillo en La que se avecina, continuación apócrifa del proyecto.






