El Pla Endreça, el plan estrella del alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, que busca “poner orden” en el espacio público, en su traducción al castellano, comporta una media de 278 multas diarias relacionadas con la convivencia o el uso del espacio público. Y de todas, el Ayuntamiento, cobra un 58%, cuando el año pasado fue el 53%. Son cifras publicadas este jueves por el consistorio, obtenidas del total de 25.000 sanciones impuestas durante el primer trimestre de este año. Las multas más frecuentes son las vinculadas al consumo de alcohol en la calle y las derivadas del uso de bicicletas o patinetes eléctricos, que suman un 66% del total.

El tercer motivo de multa es el aparcamiento de motos en las aceras. El cuarto, el ruido; y el quinto, hacer necesidades fisiológicas en la calle. A continuación figura en la estadística municipal la venta ambulante, la mala ubicación o uso de sacos de cascotes de obras. En menor proporción, el resto de sanciones se imponen son por incumplir la normativa en materia de residuos por parte del comercio, organizar actividades no autorizadas, vinculadas a la tenencia de animales, colgar carteles o hacer pintadas.

El teniente de alcalde de Economía y Hacienda, Jordi Valls, ha recordado que el Pla Endreça es una de las prioridades del Gobierno municipal y “tiene que ver con el cuidado del espacio público”, que entiende que “es lo que democratiza” la ciudad, porque está vinculado a “la circulación, la seguridad o la limpieza”. “Cuando una persona no cumple las normas que tienen que ver con el civismo, se le aplica una sanción”, ha advertido Valls, celebrando el aumento de multas cobradas por el Instituto Municipal de Hacienda. Porque, observa, “lo que permite calibrar la efectividad de las multas es el porcentaje de pago”. La administración también constata que quien paga tiene un nivel de reincidencia “nulo o muy bajo”.