Uno de los recuerdos que Paris Hilton atesora de Karl Lagerfeld es su devoción por The Simple Life. Según recordaba en una entrevista en W Magazine, el genio alemán le confesó que también había caído rendido ante ese hipnótico programa —precursor del fenómeno de los reality shows y, en cierto modo, de la cultura celebrity actual—, que seguía las desventuras de dos niñas ricas que debían aprender lo que es tener que trabajar para vivir. Con su carisma y espontaneidad, Hilton y su amiga Nicole Richie lograron conectar con el lado más humano del público y su sentido del ridículo. Lo hicieron de forma tan genuina que, casi sin proponérselo, alcanzaron la categoría de icono, revolucionando la cultura pop y el estilo de los 2000.

Tampoco sorprende que el genio alemán se fijara en ella. Defensor de que la moda debía “vestir la actualidad”, el diseñador tenía un talento excepcional para anticiparse a los cambios culturales y capturar el pulso de cada generación. Una visión que perdura en el ADN de la firma homónima que fundó a mediados de los ochenta. “Karl y ella han definido épocas a su propia manera. Esta colaboración capta una energía inesperada y totalmente auténtica: un diálogo entre la influencia imperturbable y la relevancia en constante evolución”, apunta Pier Paolo Righi, CEO de KARL LAGERFELD, a raíz de su nueva campaña; toda una celebración de la autenticidad y el derecho a reinventarse.