Con todas las salvedades posibles, que son muchas en el caso de un presidente tan volátil como Donald Trump, la entrada en vigor del castigo de hasta el 50% sobre las importaciones procedentes de la India cierra el círculo arancelario de Estados Unidos sobre sus antiguos socios comerciales, relegados hoy al papel de simples proveedores...

. Las negociaciones abiertas con varios de ellos (con la propia India, así como con China, Canadá o México, la tríada de naciones que suma casi la mitad de las importaciones estadounidenses) siguen abiertas, pero todos ellos ya cuentan con una cifra base, un suelo tarifario sobre el que construir —o, en la mayoría de casos, deconstruir— sus antaño sólidos lazos comerciales.

Política interna y externa al margen, el nuevo cuadro de aranceles dibuja una nueva escena para los intercambios. Anticipa menos comercio internacional. Un crecimiento al ralentí. Menos importaciones estadounidenses, por mucho el gran consumidor del planeta. Precios más altos para las empresas y los hogares de ese país, pese a que el zarpazo inicial no se está dejando sentir con la fuerza esperada en las primeras lecturas de inflación: tiempo al tiempo. Y permite aventurar, también, importantes brechas de competitividad entre los países que atienden la voraz demanda de EE UU, con casi 350 millones de habitantes e indiscutible cuna del consumismo.