Esta es la historia de un retrato. O mejor, de cómo una fotografía, tan solo una fotografía antigua en blanco y negro, en la que aparece una familia pobre —una pareja joven que pueden ser los padres, una mujer mayor que será la abuela, y cuatro niños pequeños que miran a la cámara—, es suficiente para que nos volvamos a agarrar a garrotazos, ya no con las piernas inmovilizadas como en el cuadro de Goya, sino metidos de lleno en ese lodazal antiguo, irracional, que ahora llamamos polarización y que en algunas redes sociales obtiene el clima y el abono adecuados para envenenarlo todo.

La historia empieza hace un par de días. Un tuitero anónimo que responde al apodo de @kriticafull cuelga la foto bajo la leyenda “con Franco vivíamos mejor”. Los lectores de la edición digital del periódico ya habrán visto el retrato antes de empezar a leer la columna, pero a los del papel impreso cabe explicarles que apenas con un vistazo —paredes desconchadas, desorden, suciedad— se infiere que el tuit es una ironía, un aguijón destinado a alborotar al gallinero. No hace falta añadir que esa red que se llama X y se pronuncia Twitter siempre está lista para la trifulca.

Con Franco vivíamos mejor. pic.twitter.com/9MMZuTSCkd