Aquí tienen un libro de memorias múltiple, poroso a los mil diferentes aspectos que configuran cualquier biografía (en este caso, además, una bien interesante) y la entrelazan con el entorno en que se desarrolla, en esta ocasión, nuestro país. La perspectiva de su autor, Tomás Graves, es privilegiada: hijo del poeta Robert Graves, creció en un ambiente que acabaría adquiriendo resonancias míticas, el pueblo mallorquín de Deià en las décadas sesenta y setenta, cuando se convirtió en refugio montañoso de beatniks, hippies, músicos de vanguardia, celebrities premium tomadas por un ansia purificadora y demás fauna excéntrica, casi siempre tan bohemia como acaudalada, conformando un ecosistema estelar curiosísimo de observar.
Sin embargo, todo esto solo es el arranque de la vida que nos cuenta Afinando al alba, puesto que la vocación musical de Tomás Graves (aunque no haya sido su única ocupación, siendo como ha sido un excelente diseñador tipográfico) le llevaría también a conocer de primera mano buena parte de la escena musical española de los ochenta y noventa desde una posición de secundario de lujo, una de esas raras figuras que se permiten entrar y salir casi simultáneamente de los camerinos de grandes estrellas y de las verbenas populares menos glamurosas, con un pie en cada extremo del gran abanico que abarcan las profesiones creativas, desde la fama hasta la precariedad.






