El escritor era en realidad de todas partes, y de Holanda, de donde se fue muy pronto, buscando el mundo y buscándose a él. Luego sus libros relataron la vida que miró
Cees Noteboom ya no volverá a Menorca, la tierra que durante años formó parte de su felicidad. Dijo alguna vez que él, holandés realmente errante, le pertenecía a España. Para él este país era el balcón que miraba a América Latina. Sentía que Lisboa era la diosa de Europa. El Hierro era para él una isla importante para entender el traye...
cto hacia la aventura de Colón. Siempre estaba cerca de un balcón, contando cómo veía el mundo. Sus libros son un largo viaje que ya solo se puede leer.
Noteboom era en realidad de todas partes, y de Holanda, de donde se fue muy pronto, buscando el mundo y buscándose a él. Luego sus libros relataron la vida que miró. Lo acompañé, a él y a su mujer, Simone, al Teide. Enseguida se vio metido en aquella geografía hecha de silencio y lejanía. Como si aquello fuera un universo intacto al que él miraba como para dibujarlo.
Estaba siempre, en los viajes y en la quietud, como si acabara de llegar y se fuera a quedar para siempre. Su mirada partía del suelo y enseguida se iba al cielo, o a los techos. Buscaba estar y no estar en los sitios. Menorca era su lugar de estar. Se frotaba las manos como para reconocerlas. Siempre al borde de las preguntas, quería saber más del mundo que pisaba. En Menorca lo acompañaba el mundo, y Simone, como el lugar chiquito que él buscaba.









