Elizabeth Hawley, una mujer de edad avanzada, aspecto frágil, y voz suave, supo mantener a raya la mentira durante décadas en los asuntos relacionados con los 14 ‘ochomiles’ del planeta. Ésta corresponsal británica de prensa en Nepal intimidaba a los mentirosos con un gesto tan sencillo como elocuente: les miraba a los ojos elevando su mirada por encima de las gafas que siempre llevaba puestas. Esa mirada, que era un dardo, provocaba sudores fríos, evocaba temores mayores que las grietas, las avalanchas o las tormentas en la montaña. Sin Hawley, fallecida en 2018, saltarse la realidad es más fácil para muchos himalayistas. El último en prescindir de la ética y la elegancia de la verdad es el italiano Marco Confortola, en el centro de un huracán mediático del que nadie sabe cómo podrá escapar.
Hawley no pisó jamás una montaña, pero los sherpas sí. Y estos hablan mucho entre sí, siempre se han contado los chismes de sus clientes creando un torrente de información que, como un río, siempre desembocaba en Hawley. Cuando el chófer de ésta mujer menuda aparcaba su escarabajo azul claro a las puertas del hotel de un alpinista, se bajaba sabiendo la verdad, convencida de que estaba a punto de cazar a un tramposo. Y, con éste poder, podía plantear las preguntas que su interlocutor no sabría responder, sencillamente porque no había estado en lo más alto de la montaña que defendía haber escalado. Si Hawley validaba entonces las ascensiones, durante años recogió su testigo el equipo de Eberhard Jurgalski, con su web, 8.000ers.com, pero ahora las ascensiones a ‘ochomiles’ por sus vías clásicas ni siquiera interesan al sitio, cansado de tanto mentiroso. Cabe recordar que Jurgalski y su equipo invirtieron diez años en documentar las cimas de los ‘catorceochomilistas’ para revelar, como un bombazo, que la inmensa mayoría no había alcanzado el punto más elevado de todas las cimas… casi siempre por un error de apreciación visual en cimas difíciles de interpretar como las del Annapurna o el Manaslu.






