El área de la Zona Franca, encajada entre la falda de la montaña de Montjuïc y el delta del río Llobregat, es una de las más grandes de Barcelona. A pocos kilómetros del centro, es una mezcla de todo lo que puede caber en una ciudad: vivienda —en el barrio de la Marina del Prat Vermell—, oficinas y presencia de la administración —con el distrito administrativo— el principal mercado mayorista (Mercabarna), y espacios logísticos y fábricas en un polígono industrial que ocupa 4,7 millones de metros cuadrados. Todo ello cerca del Puerto de Barcelona y del aeropuerto de El Prat. Muchas de las actividades que tienen lugar en la Zona Franca barcelonesa están ahora en plena transformación, y se espera que los frutos empiecen a llegar este año y los siguientes. Principalmente, en uno de los rompecabezas que ha tenido ocupadas a las administraciones, patronales y sindicatos en los últimos años: la reindustrialización de la antigua fábrica de Nissan con los coches de las marcas Ebro, Omoda y Jaecoo, que está tomando impulso y prevé terminar la década a plena capacidad.

“La de la antigua Nissan ha sido una historia de éxito, hemos conseguido que de un gran problema haya surgido una gran oportunidad para reindustrializar y para tener logística moderna. La primera prioridad fue salvar los puestos de trabajo que dejaba Nissan, y terminará habiendo más que antes”, explica Pere Navarro, delegado especial del Gobierno en el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona (CZFB).