La actividad inmobiliaria se ha adentrado en el tradicional letargo del verano. Agencias, bancos y notarios trabajan a medio gas estos días. Sin embargo, hay un mercado más despierto que nunca. El alquiler vacacional bulle durante la época estival, especialmente si el destino tiene playa. El número de apartamentos turísticos en España aumenta de forma importante: “Pasa de alrededor de 418.000 apartamentos disponibles en enero a más de 610.000 en agosto”, dice Sergio Cardona, analista del Observatorio del Alquiler, impulsado por la Fundación Alquiler Seguro y la Universidad Rey Juan Carlos.

Acceder a una de esas casas se paga caro este verano. El coste medio alcanza los 1.200 euros por semana, de acuerdo con Tecnitasa. En los destinos más cotizados, como Ibiza o Marbella, sube hasta 3.300 euros, es decir, 471 euros cada noche. Y la factura se puede poner en 25.000 euros por siete días en una villa de lujo. La tentación de arrendar a esos precios está atrayendo a propietarios que hasta ahora no se habían planteado participar en este mercado.

Cada vez son más los ciudadanos que alquilan sus propiedades —fundamentalmente segundas residencias— solo en verano. “Julio y agosto llegan a representar entre un 60% y un 80% de las noches ocupadas de todo el año en destinos de costa con alta estacionalidad. En los entornos urbanos, la cifra ronda el 40%”, cuentan en StayAlliance, asociación del alojamiento de corta y media estancia.