Por el estilo se mataron marqueses con estiletes muy estilizados y armas por el estilo: el estilo era lo que distinguía a los que podían pagarlo de los que no, una forma de cargar sobre sus cuerpos sus fortunas. Pero existió también —y a veces sobrevive— el estilo de una escritora, de un cantante, de quien haga algo que pueda llevar un toque propio. La palabra estilo se usó siempre para definir el matiz diferente y ahora, en cambio, se usa para hablar de lo que debería unificarnos: un estilo de vida, dicen, “un estilo de vida”.
Y hablan del estilo de vida de una nación, de un pueblo. Esos políticos tristes recurren últimamente a la más triste trola: que quienes vivimos en un mismo territorio debemos tener las mismas ideas, los mismos dioses, las mismas diversiones, la misma —incluso— raza. Nuestro estilo de vida.
Y lo dicen —los políticos tristes— para intentar la más artera de las tretas, la más despreciable: convencer a millones de personas de que deben defender ese “estilo de vida” contra aquellos que querrían cambiarlo. En un mundo globalizado hay pocas estupideces más estúpidas. Está claro que Taylor Swift no formaba parte del estilo de vida de los españoles en 1998, así como la penicilina no formaba parte en 1934 ni trasladarse en coche formaba parte en 1898 ni hablar esta lengua formaba parte en 1312. El estilo de vida de un pueblo, si lo hay, cambia todo el tiempo y es la amalgama de innumerables aportes llegados de innumerables lugares. Si se impone la idea contraria habrá que esperar que los cretenses no lancen una campaña contra nuestra apropiación de las corridas de toros o los ingleses no nos denuncien al Tribunal de La Haya por jugar al fútbol. Lanzar las sordas hordas a defender su estilo de vida contra unos señores y señoras porque rezan tan parecido a ellos pero no igualito necesita mucha ignorancia y mucho resentimiento. El problema es que parece haber muchas personas con superávit de ambos: personas que sienten, con justicia, que esta sociedad no les ha dado lo que merecen y necesitan encontrar culpables.






