La actividad ilegal de una empresa maderera en Curueño (León) provocó un incendio este jueves por la tarde que requirió que brigadas desplazadas a las zonas más conflictivas de la provincia tuvieran que perder más de cuatro horas de trabajo para sofocar estas llamas. Los operarios, según estos bomberos, se encontraban manejando una procesadora tras varios días de actividad sobre “madera verde” en un bosque libre de las llamas, cuando por el sobrecalentamiento o una chispa se desató un foco que acabó quemando ocho hectáreas y trastornó la extinción de frentes más complejos. La Junta de Castilla y León (PP) ha confirmado que “no es legal porque estamos en alerta máxima de incendios” y esas labores de riesgo en espacios forestales quedan prohibidas.
Un bombero informó a EL PAÍS en la noche del jueves de que habían tenido que desplazarse a Curueño y que allí habían comprobado que el incendio se debió a la procesadora de la empresa. Ardieron en total ocho hectáreas, muy poco en comparación con los grandes desastres de esta semana, pero indignó a los bomberos porque tuvieron que desplazarse mientras se desalojaban pueblos en El Bierzo (León) por llamas más peligrosas: “¿Tú te crees que se puede permitir perder efectivos en este incendio en vez de estar allí? Es que no puede ser. Lo grave de verdad me parece lo de los trabajos de la maderera, que no se debían de estar realizando”, asegura.







