Interesante y diferente fueron las dos palabras que más usaron Marc Márquez y Pecco Bagnaia después de entrenarse hace un par de semanas en Balaton Park, circuito de nuevo cuño que debuta este fin de semana en el Mundial de MotoGP tres décadas después del último gran premio disputado en Hungría. Todos los pilotos de Ducati, que partirán con algo de ventaja respecto al resto de la parrilla, pudieron degustar las peculiaridades del trazado húngaro en un test privado a principios de agosto. A todos les pareció pequeño, estrecho y bastante lento para las actuales máquinas de la categoría reina, y en el paddock no hay todavía claridad sobre si los prototipos más avanzados del mundo podrán engranar la sexta marcha, un dato inédito en el calendario actual. “¡Con la bici hay que frenar para hacer las curvas!”, decía entre risas Joan Mir, piloto de Honda.

Situado a unos 100 kilómetros de Budapest en tierra de balnearios y residencias de lujo en el lado oriental del lago de Balaton, el mayor cuerpo de agua dulce de Europa central, se trata del primer proyecto de nueva construcción en el continente que llega a buen puerto desde 2010. Precisamente entonces, el circuito de Motorland en Alcañiz, terminado en 2009, sustituyó al trazado fallido en la orilla occidental del mismo enclave. El Balatonring, que empezó a construirse en 2008 pero descarriló tras la crisis financiera global aquel mismo año, llegó a acumular una deuda de 18.000 millones de euros y fue cancelado en dos ocasiones tras haber sido incluido en el calendario del certamen.