Cuando los pilotos llegan a un circuito nuevo, todos sonríen ante la oportunidad que siempre presenta un lienzo en blanco. Habitualmente, los estrenos suelen dar algo más de peso al talento humano y reducir el impacto de la maquinaria y la tecnología. Con Marc Márquez en pista y en plenitud de facultades, sin embargo, el GP de Hungría volvió a ser una demostración de poderío del ocho veces campeón del mundo. El líder del certamen, en perfecta simbiosis con la Desmosedici GP de Ducati, sumó su séptimo pleno de victorias consecutivo y sigue precipitando la confirmación matemática de su reconquista en MotoGP.
Con 32 años, insaciable como en sus inicios, pero maduro y experimentado como nunca, Márquez supo cómo superar un arranque peliagudo este domingo para imponerse sobradamente en Balaton Park. El lento y revirado circuito húngaro asistió a otra exhibición del 93, que a punto estuvo de irse al suelo en su lucha con Marco Bezzecchi en la salida. El italiano de Aprilia, una vez voluntarioso en su esfuerzo para plantar cara al tirano de la categoría reina, se impuso en la arrancada y no se arrugó cuando el líder buscó un interior y terminó impactando con su carenado. Marc tuvo que erguirse para evitar la caída, perdió otras dos posiciones y ‘Bez’ se escapó en cabeza en solitario, el guion habitual de las últimas pruebas largas.














