Después de 22 meses de ofensiva militar, tras matar a 62.000 palestinos, un tercio de ellos niños, sin haber conseguido uno solo de los objetivos que prometió a los israelíes, perseguido por la justicia internacional y la de su país, en medio de un clamor mundial por el horror de la hambruna provocada entre la población palestina, Benjamín Netanyahu ha decidido recrudecer aún más la operación militar de Israel en Gaza con el comienzo de la ocupación de las últimas zonas en las que aún no ha entrado el ejército.
Las fuerzas israelíes tomaron posiciones a las afueras de Ciudad de Gaza, parte del 15% aproximadamente del territorio donde se hacina una población exhausta y hambrienta tras un castigo inaudito en el siglo XXI en el que Israel ha cometido crímenes de guerra flagrantes. El posicionamiento anunciaba un inminente avance sobre lo que básicamente ya no es una ciudad, sino un campo de refugiados de un millón de personas sobreviviendo entre las ruinas y esperando la muerte, de una forma u otra. La operación de control total de la Franja fue aprobada la pasada semana y recibió la condena unánime de todos los aliados occidentales de Israel y de la ONU. La respuesta de Netanyahu es un desafío a los gobiernos europeos que sería imposible si estos no hubieran mostrado ya que no están dispuestos a ejercer verdadera presión sobre Israel, para vergüenza de los ciudadanos a los que representan.






