Miles de personas en la calle pidiendo el retorno de los rehenes y una solución que ponga fin a la guerra en Gaza, críticas en los partidos de oposición, pero también en la derecha más radical, y recelo en los altos mandos del ejército. La decisión del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, de ocupar Ciudad de Gaza y después el resto de la Franja ha ahondado las fisuras que muestra desde hace meses la sociedad israelí, que siente que el país está inmerso en una guerra sin victorias notables ni una estrategia clara.

“La gente cree que ocupar totalmente Ciudad de Gaza no va a traer de vuelta a los rehenes; es más, pondrá su vida en peligro. Los israelíes quieren ya un acuerdo para que esta guerra acabe”, estima Moshe Raz, activista y exdiputado por el partido de izquierda Meretz.

En las últimas semanas, las críticas al Gobierno israelí no solo han venido de esta tradicional oposición de izquierda o de la derecha más radical, sino de sectores inesperados, como antiguos altos cargos militares y de inteligencia, que exigieron al Gobierno en un vídeo público que logre un acuerdo para liberar a los rehenes y no persista en las operaciones militares en la Franja. Incluso enviaron una carta al presidente estadounidense, Donald Trump, para que convenza de todo esto a Netanyahu.