Las autoridades israelíes engrosan la maquinaria para llevar a cabo el asalto de Ciudad de Gaza. El 8 de agosto, el gabinete de seguridad liderado por Benjamín Netanyahu lanzó su plan para ocupar el principal núcleo de población de la Franja, y desde entonces la cuenta atrás está en marcha. La operación persigue la expulsión, en pocas semanas, del millón de personas que las agencias de Naciones Unidas estima que “existen” en Ciudad de Gaza. “Y digo existir porque a esto no hay forma de llamarlo vida”, lamenta una portavoz de la ONU desde el interior del enclave. Una vez se haya logrado hacer desaparecer a la población civil, el ejército pretende arrasar la superficie y el subsuelo de la ciudad palestina.
El plan ha despertado dentro de Israel una oposición aún muy relativa. El líder del ejército, Eyal Zamir, ha manifestado en distintas reuniones que teme que la ofensiva acabe con la muerte de los rehenes israelíes que siguen en manos de Hamás, según han pueblicado medios locales. Y las familias de los cautivos y decenas de miles de israelíes que han secundado sus protestas rechazan el proyecto por el mismo motivo. Pero las voces que critican abiertamente la receta de la destrucción y del sometimiento violento sobre los palestinos son todavía minoritarias. En este reportaje, un abogado experto en derechos humanos, un exsoldado y hoy activista y un militar en la reserva hablan de los riesgos de esta deriva del Gobierno de su país.






