Consciente de que este puede ser su último verano en el cargo, el primer ministro francés, François Bayrou, no se ha dado una tregua estival y durante estas semanas se ha volcado en tratar de defender sus presupuestos para 2026, cuyo debate anticipa un otoño caliente en los escaños y en la calle. La ley, que incluye 44.000 millones de euros de recortes y medidas muy impopulares como la supresión de días festivos, se presentará en el Parlamento en octubre y debería votarse a mediados de diciembre.

El Gobierno afronta así tres meses de maratón presupuestario, seguramente aliñado con movilizaciones en la calle, pues los sindicatos ya advirtieron a mediados de julio, cuando se presentó el polémico paquete, que convocarán manifestaciones de protesta. La ley deberá presentarse en la Asamblea el primer martes del mes de octubre como tarde, según el calendario del Gobierno.

En una carta enviada esta semana en tono conciliador, Bayrou invita a los sindicatos y patronal a negociar desde el 1 de septiembre para tratar de llegar a un consenso antes de que comience el debate parlamentario. Los sindicatos le han recordado que hay puntos que no son negociables, como la supresión de dos días festivos del calendario. Bayrou propuso que fueran el Lunes de Pascua y el 8 de mayo, día en que se celebra el fin de la Segunda Guerra Mundial.