“Existen muchísimas razones para escalar, algunas malas, y he de decir que yo mismo las he empleado casi todas. Las peores son la búsqueda de la fama y el dinero. Normalmente, se suele citar la exploración o el descubrimiento, pero cada vez tiene menos sentido en el mundo actual. La única buena razón para escalar es superarse”, asegura Yvon Chouinard, un alpinista de leyenda, triunfador también en el mundo empresarial con su firma Patagonia.
Marc Toralles (equipo Haglöfs), Bru Busom y Rubén Sanmartín (ambos del equipo Scarpa) no buscan la fama, y el dinero lo encuentran trabajando como guías de montaña. De haber nacido en Boulder, Colorado, por señalar un lugar en Estados Unidos, tendrían su vida resuelta a la sombra de su leyenda. Pero los dos primeros son catalanes y el segundo aragonés. Lo cierto es que siguen sin saber venderse, pero a estas alturas de sus carreras es porque en realidad ni siquiera les importa. Sin embargo, su última actividad en la cordillera peruana del Huayhuash les ha permitido emplear casi todas las razones saludables que existen para abrazar el alpinismo: han explorado a su manera el Yerupajá (6.634 m), donde han descubierto que era posible completar la primera travesía de la montaña. De paso, han logrado superarse. Todas las motivaciones buenas citadas por Chouinard caben en el nombre con el que han bautizado su actividad: La esencia del compromiso. Los tres han escalado montañas técnicamente más complejas, pero jamás se habían expuesto de manera tan evidente al compromiso de tener que pasar obligatoriamente por la cima para buscar una forma de descender y sobrevivir. El dato, que parece baladí, lo cambia todo en el juego de escalar montañas.







