Tras 250 días de intentos repartidos a lo largo de estos últimos cuatro años, el escalador madrileño lanza la quinta propuesta mundial en la máxima dificultad sin que nadie haya podido aún confirmar dicho grado de dificultad

A falta de arbitraje, de cronómetro, de reglas escritas, la escalada de élite se autorregula como puede. Y así crece imparable desde hace décadas, atenta a sus imperfecciones, a la subjetividad de sus propias normas, consciente de que el equilibrio de su credibilidad pende siempre de la honestidad de sus grandes actores y actrices. En 2017, el mutante checo Adam Ondra anunció que había logrado escalar una vía que bautizó Silence (en Flatanger, Noruega) de una dificultad jamás alcanzada con anterioridad por el ser humano: 9c. Casi diez años después nadie ha logrado repetir su gesta. Sin embargo, existen ya cuatro propuestas más de 9c, la última anunciada hace escasos días por un escala...

dor español, Jorge Díaz-Rullo, el último en pisar el olimpo de las divinidades de la disciplina.

En escalada, la dificultad de las vías se establece por consenso, no puramente democrático porque no opinan todos los escaladores, sino por la representación de unos pocos. En la élite absoluta, claro está, solo pueden opinar tres o cuatro, cinco a lo sumo, pero para poder hacerlo han de medirse a las propuestas de sus compañeros, asunto nada sencillo, encadenar la vía y después emitir su opinión. Al margen de la vía Silence, en 2022 el francés Seb Bouin propuso 9c para su vía DNA, el austriaco Jakob Schubert hizo lo propio con la vía BIG en 2023 y Sean Bailey atribuyó idéntica dificultad a Duality of man en 2025. Nadie ha podido repetir dichas rutas. La propuesta de Jorge Díaz-Rullo se llama Café Colombia y se encuentra en la escuela catalana de Margalef: observa treinta metros de recorrido extraplomado, con 20 bidedos donde apenas entra una falange, sin reposos, lo que exige una resistencia casi inasumible. De hecho, el escalador madrileño ha trabajado la vía a lo largo de los últimos cuatro años en épocas meteorológicas favorables, dedicando más de 250 días a resolver el problema, cayendo más de 20 veces a escasos movimientos del final.