Desde los años ochenta, España ha abandonado más de 4.600 kilómetros de vías férreas convencionales por no ser rentables o requerir de obras costosas. Casi 2.000 kilómetros de ferrocarril se han desmontado para convertirse en vías verdes —senderos—, mientras que el resto permanece sin mantenimiento, igual que ocurre en otros países de Europa. ¿Podrían volver a usarse? Dos proyectos pioneros creen que sí y buscan la solución en minitrenes eléctricos autónomos de pocas plazas, prototipos que en el futuro podrían enlazar destinos con poca demanda a coste muy bajo y sin conductor. La legislación española supone por ahora un gran escollo.
Según datos del gestor estatal Adif, España cuenta con 15.653 kilómetros de vías férreas, de los cuales 11.672 son gestionados por Adif (incluidos los 1.193 correspondientes a la red de ancho métrico) y otros 3.981 corresponden a Adif AV (alta velocidad). “La decisión sobre el eventual cierre de tramos o líneas ferroviarias resulta del análisis con el Ministerio de Transportes y otras administraciones públicas afectadas”, señala una portavoz de Adif. La entidad calcula que se han cerrado 4.688 kilómetros de líneas ferroviarias, de los que 1.893 kilómetros han sido recuperados y transformados en itinerarios cicloturistas y senderistas. “Las Vías Verdes producen empleos en zonas rurales, generándose actividad económica y un nuevo tejido comercial vinculado al turismo”, defiende.






