En un libro publicado hace dos años, Rosa Díez —socialista renegada y fundadora del partido UPyD— aseguró que los “comportamientos” de Pedro Sánchez “se ajustan como un guante a la personalidad descrita en psicología como tríada oscura”. El presidente del Gobierno condensa, según Díez, las tres patas del taburete sobre el que se alza el mal en estado puro: narcisismo, psicopatía y maquiavelismo. Una acusación a la ligera (que se sepa, la política vasca no sometió a su ex-compañero de partido a un riguroso test de personalidad) que ejemplifica un nuevo fenómeno de contagio cultural made in USA en torno a las sombras de la psique. En él convergen endebles pilares científicos y un cierto desmadre mainstream.

Con su morboso magnetismo, el término ha ido ganando popularidad en EE UU antes de proyectarse hacia el resto del mundo y explotar en mil ramificaciones virales. Hoy proliferan definiciones de la tríada oscura a gusto del consumidor en las que se estira o desvirtúa su sentido original, ya de por sí voluble. Abundan guías para identificar a sus encarnaciones cuando estas acechan a nuestro alrededor. Mientras, la etiqueta corre de boca en boca, ya sea para categorizar con barniz empírico las excentricidades de Elon Musk o las siniestras estratagemas de ese compañero de trabajo que, juzgamos, nos está haciendo la vida imposible.