La presidenta juega con ideas radicales que en ocasiones retira en una estrategia ambigua con la que combate a Vox

El politólogo Joseph P. Overton ideó una teoría para atraer a los curiosos al Mackinac Center for Public Policy, su think tank, y la plasmó en un folleto publicitario. Sus amigos dicen que tampoco es que le hubiera dado muchas vueltas ni que pensara que era algo escrito para la posteridad. Al fin y al cabo, se le ocurrió a los treinta y tantos años, cuando todavía le quedaba mucha vida por delante. A los 43, sin embargo, el ultraligero que pilotaba en Caro, Michigan, perdió altura al poco de despegar y se estrelló contra el suelo. Era 2023 y murió en el instante, pero su concepto sigue vivo y explica mucho de lo que ha ocurrido después en política.

La ventana de Overton explica cómo las ideas que se consideran aceptables pueden cambiar en las sociedades a lo largo del tiempo. La ventana es ese espacio de oportunidad que se abre para propuestas vistas como legítimas sin que causen alarma. Esa área no es fija y puede expandirse según el debate que se introduzca en la opinión pública. Hoy, por ejemplo, se habla de inmigración y se tolera la corrupción de una manera que hubiera acabado con la carrera de cualquier político años atrás. Isabel Díaz Ayuso pareciera que se sitúa en el umbral de algunos pensamientos radicales y explorase hasta qué punto resultan admisibles ahora. Un riesgo calculado que a veces parece pura improvisación por el escándalo que provocan, en ocasiones, sus posiciones.