Una noticia se encaramó a las portadas de los periódicos y los telediarios hace justo un año: la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaraba a la mpox (antes viruela del mono) como emergencia sanitaria internacional. Meses después, incumplido el temor de una rápida propagación al resto del mundo y una muy elevada letalidad, quedó en el olvido de occidente. Adrián H. Aginagalde, portavoz de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública y Gestión Sanitaria, lo resume así: “La situación es la misma, pero ya no hay pánico”.

Lo que sucedía hace un año es que una nueva variante (el clado IB) parecía propagarse con más rapidez y letalidad que su predecesora en República Democrática del Congo (RDC), y estaba llegando a otros países vecinos. La OMS decidió declarar por octava vez en la historia su máxima alerta sanitaria por una situación “muy preocupante”, en palabras de su director general, Tedros Adhanom Gebreyesus. “Una respuesta internacional coordinada es esencial para detener estos brotes y salvar vidas”, dijo entonces.

Fue la segunda ocasión en la que la OMS declaraba la emergencia internacional por mpox. La primera, en 2022, había saltado de África a Europa y Estados Unidos, especialmente entre hombres que tenían relaciones sexuales con hombres sin protección. España fue entonces el mayor foco, con más de 8.000 casos, que se atajaron con rapidez gracias, en parte, a una vacuna eficaz que databa de la lucha contra la viruela humana. Fue poco después cuando la OMS decidió cambiar el nombre de viruela del mono a mpox, para no estigmatizar a las poblaciones más golpeadas por el virus.