El ecosistema cripto genera interés y rechazo a partes iguales. Más de 15 años después de su nacimiento, el mundo de la inversión se divide entre quienes han decidido abrazar los activos digitales, y quienes se mantienen a distancia y consideran que todo se reduce a una gran estafa. Pero el auge de este mercado atrae a cada vez más interesados. No solo han desembarcado grandes inversores y gestoras de fondos, sino que está cambiando el perfil del minorista que domina este mercado: a los especuladores y traders con afán de dinero fácil se suman los pequeños inversores que buscan diversificar su cartera aprovechando las altas rentabilidades del mundo cripto.
Pero el lado oscuro de este ecosistema sigue dominando el imaginario colectivo. Fraudes, volatilidad, pérdidas totales, especulación... Su breve historia ha estado marcada por múltiples escándalos que hacen que muchos se pregunten si la inversión en activos digitales tiene sentido para los pequeños inversores. Entre las gestoras hay quiénes se oponen con fuerza, no invierten ni quieren hablar de criptos, y quiénes creen que debe incluirse en cualquier cartera, aunque con cautela y de forma muy reducida.
Los más escépticos inciden en el peligro que supone la extrema volatilidad, como demuestran las fuertes oscilaciones vividas desde la campaña electoral de EE UU que dio la victoria a Donald Trump. La cotización del mercado cripto se ha movido como una montaña rusa, pasando de batir récords poco antes de su toma de posesión a sufrir caídas de doble dígito cuando el republicano declaró la guerra comercial contra el mundo. Bitcoin llegó a perder hasta un 30% desde sus máximos, mientras que el resto sufrieron caídas aún más pronunciadas: ether se hundió más de un 60% y XRP se desplomó un 45%. Ahora, en cambio, el mercado vuelve a recuperar su tono y marca nuevos récords.






