Si, como decía Hegel, el conocimiento llega cuando el cambio ya ha pasado, entonces cuando estás viviendo a full un proceso de mutación tan salvaje como la adolescencia, el pensamiento se convierte en una demoledora coctelera filosófica. ...

Es una edad donde todo son preguntas, un tiempo en el que eres capaz de ver –como con rayos infrarrojos– un campo casi infinito de posibilidades, dudas y terrores, una época en la que sueles cuestionar lo que se da por sentado. Y eso es, esencialmente, la filosofía.

Según el joven pensador catalán Leo Espluga (Castelldefels, 2001), la adolescencia está a medio camino entre el agotamiento del paradigma de la infancia y el de la edad adulta. Es un momento atravesado “por el hecho de vivir en un periodo de interregno, con todos los monstruos que ello comporta”, donde “sientes que estás a las puertas de algo importante, una especie de not yet que no acaba de llegar”, afirma en conversación telefónica.

Él no era buen estudiante, y cuando en su instituto lo expulsaban de clase ojeaba al tuntún los libros de filosofía de bachillerato. A medida que su mala conducta persistió, su atención por aquellos libros aumentó, hasta transformarlo casi por completo. Confiesa que la filosofía le enamoró tanto que entender a Parménides fue una de las cosas que más le han emocionado en la vida. A partir de entonces decidió lanzarse de lleno a bucear en las cuestiones del pensamiento, y no le va mal: tiene un canal de divulgación filosófíca en YouTube con casi 40.000 suscriptores, 84.000 seguidores en TikTok y colabora en varios medios de comunicación.