Antes del estreno de Karate Kid (1984), el director John G. Avildsen y el guionista Robert Mark Kamen se acercaron a una de las proyecciones de prueba en Teatro Baronet de la Tercera Avenida de Nueva York, se fumaron un porro y se tomaron unos tequilas mientras esperaban las primeras reacciones a una película que había sido definida por su montador, Bud Smith, como “una pequeña película que no le iba a importar a nadie”. Cuando tras el final de la proyección se acercaron a la entrada principal y vieron a unos ejecutivos trajeados intentar hacer la patada de la grulla, supieron que tenían un éxito entre manos.

La ya legendaria patada de la grulla con la que Daniel LaRusso derrotaba a Johnny Lawrence había sido una ocurrencia de Kamen: “Me lo inventé. Fue algo que se me ocurrió en el momento. ¿Cómo de genial sería ver al señor Miyagi en un tronco haciendo algo imposible? No tienes equilibrio. Tus manos no están en posición defensiva. Es simplemente cinematográfico”. Un movimiento absurdo en palabras de los expertos en artes marciales. Incluso ilegal. “En un torneo real, eso es una patada descalificatoria”, reconoció Pat Johnson, coreógrafo del film, en La patada de la grulla es falsa: una historia oral de Karate Kid., extenso repaso a la película publicado en Sports Illustrated.