Tras un año sin ningún tipo de opción, según los sondeos del Govern, el independentismo catalán recuperó en julio la posibilidad de obtener mayoría absoluta en el Parlament, perdida en las elecciones autonómicas de 2024. El barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) otorga a la suma de las formaciones secesionistas entre 62 y 68 diputados —cifra esta última que marca la mitad más uno de los 135 miembros de la Cámara—. Ello es posible gracias al ascenso de los ultras de Aliança Catalana (10-11 diputados, frente a los dos actuales), el partido separatista islamófobo liderado por la alcaldesa de Ripoll (Girona), Sílvia Orriols.

Se trata de un escenario remotísimo, pero no por ello menos revelador: Aliança se ofrece como el elemento desestabilizador de un secesionismo que ensaya cuatro caminos diferentes, tantos como partidos independentistas se sientan en el Parlament, para encajar en la Cataluña que hace un año gobierna Salvador Illa. Estos recorridos, además, discurren en paralelo entre dos escenarios, Madrid y Barcelona, al estar el Ejecutivo central y el catalán en minoría y bajo el mismo rojo socialista. Con todo, las formaciones miran ya a las próximas elecciones municipales, previstas para mayo de 2027, como el examen que juzgue su papel en esta legislatura.