Junts está atrapado. Y llega el momento de que Puigdemont asuma que su ciclo ha terminado. La gestación de la nueva derecha catalana está en juego
El presidente Salvador Illa ha anunciado su regreso a la presidencia para el próximo lunes y Junts ha respondido exigiendo que se presente a una m...
oción de confianza en el Parlamento. Para Junts, por lo visto, no hay tiempo, ya no digo para la empatía, sino simplemente para la formalidad de celebrar la recuperación de la salud de un colega, que además es el presidente de la Generalitat.
Todo tiene una explicación: Junts está en un momento en que o se hace notar o se cae. Desde que Carles Puigdemont optó por el exilio, vive una peculiar transición caracterizada por una restricción sistémica del espacio. Durante el procés fue el lugar de confluencia de independentistas procedentes de diversas sensibilidades de derecha y de izquierda, gentes y grupos que buscaban converger para hacer la suma más grande. Al caer el telón, con la represión postreferéndum, empezó una dispersión que retiró de la escena a distinguidos protagonistas de la aventura que optaron por pasar página.
El espacio se redujo y se fortificó, a partir de un grupo que se hizo paulatinamente con el control de la estructura, con Jordi Turull, Albert Batet, Antoni Castellà y el presidente del Parlament, Josep Rull, como núcleo principal del poder bajo el liderazgo de Puigdemont, que les tutela y les protege desde la pantalla del presidente exiliado.






