Hoy muchos hablan del cambio climático, ya sea desde la preocupación por un colapso o desde la esperanza de un cambio social. Pero los que hablan son (o somos) sólo una minoría activa con representación en los espacios de comunicación y negociación. Esta minoría, además, pertenece a una clase cultural cosmopolita, es decir, son personas liberadas del arraigo o encierro en el barrio (y en una clase, y en un género) y sueñan con un mundo libre de ataduras del pasado, interconectado y global. Aunque lo nieguen, su medio de transporte favorito es el avión, dudan si vivir en una aldea cántabra o en Nueva York, y siguen medios de comunicación internacionales como Aljazeera o The Guardian. Juegan con el globo terráqueo en sus manos. Pero, ¿qué dicen las mayorías sociales?

Hace años que realizamos investigaciones sociológicas sobre la percepción del cambio social y del cambio climático por parte de las clases populares. Nuestro trabajo cualitativo nos permite abrir puertas a mundos sociales que no solemos escuchar en los espacios cada vez más endogámicos y cerrados en los que estamos. Así, hemos podido palpar cómo va en aumento la polarización y crispación alrededor del cambio climático. Por un lado, están los convencidos del consenso científico, con una imaginación planetaria y, por otro lado, clases populares que ven cómo su mundo industrial se acaba y no comparten la propuesta que lo reemplaza. “Sabihondos cosmopolitas” y paternalistas con el pueblo contra supuestos “negacionistas” del cambio climático estancados en la vieja sociedad industrial.