El tiempo transcurre. 1.100 días, 1.200 días, 1.300 días desde la invasión de Rusia. Ucrania necesita unos —según los últimos datos del Banco Mundial— 524.000 millones de dólares (455.000 millones de euros) para su reconstrucción durante la próxima década. Pero lo más importante es saber en qué medida su economía resulta sostenible o tiene riesgo de una implosión, que volvería una quimera mantener el esfuerzo de su defensa frente a Rusia.

El factor clave es la balanza de pagos. Con un déficit fiscal este año del 21,3% del PIB, el déficit de la balanza por cuenta corriente superará el 16% del PIB. En una situación normal: una deuda/PIB del 108% habría metido al país en un serio problema. Esta hemorragia está siendo cauterizada por las transferencias y quitas de deuda de los distintos gobiernos y organismos internacionales. El otro dato es un secreto: el esfuerzo militar. Este año ronda entre el 15% y un 20% del PIB. “Esto indica un sacrificio tremendo, pero no una economía de guerra. El tejido económico es bastante resiliente”, subraya Roberto Scholtes, jefe de estrategia de Singular Bank. Los puertos ucranios en el Mar Negro siguen trabajando y el comercio fluye hacia el oeste a lo largo del Danubio, y en menor medida por tren. El sistema tributario continúa en marcha. Los ingresos fiscales de diciembre registraron una mejora del 50% con respecto al año anterior, gracias a que las empresas pagaron más impuestos y el gravamen de la renta se recuperó en torno al 60%.