Tal como cuenta Predrag Matvejević en Breviario mediterráneo, el Adriático antes era denominado Golfo de Venecia. La larga sombra de la Serenissima se extendía hasta la bota itálica, hasta las tierras de Otranto, ensanchando una larga estela de poder político y económico, también estético. “Venecia es un pez. Compruébalo en un mapa. Parece un lenguado colosal tendido en el fondo. ¿Cómo es posible que este animal prodigioso haya remontado el Adriático para venir a guarecerse justo aquí?”, se pregunta Tiziano...
Scarpa en Venecia es un pez. Una guía.
Las conexiones también son centroeuropeas, por lo que Jorge Canals escribió Las tres Venecias, el Trivéneto de Trentino-Alto Adigio, Véneto y Venecia Julia, como espacio político y artístico mittleuropeo.
Venecia siempre fue objeto de inspiración. Como escribía Robert Kaplan en Adriático: “En la ciudad no puede pronunciarse una sola palabra que no sea un eco de algo que ya se ha dicho”. Joseph Brodsky llegó a la cúspide literaria con Marca de agua, como también lo logró Mary McCarthy en Venecia observada.
Han sido muchos los autores apasionados por una ciudad que es capaz de obturar los sentidos, desde Thomas Mann con La muerte en Venecia, Cees Nooteboom en Venecia. El león, la ciudad y el agua o Jan Morris en Venecia. Algunos también han escrito sobre la capacidad de ese lugar de instigar los placeres más bajos sobre las aguas turbias y venales, como la escritora norteamericana Donna Leon, a través del comisario Guido Brunetti.








