El expresidente brasileño Jair Messias Bolsonaro, de 70 años, está preso en su casa de Brasilia desde este lunes al anochecer por una orden judicial que también le ha requisado el teléfono y le exige pedir autorización para comunicarse con cualquiera salvo sus abogados, su esposa y su hija, con las que convive. La formidable presión del estadounidense Donald Trump no ha surtido efecto ante la determinación del magistrado que investiga y juzga al anterior gobernante de Brasil por intento de golpe de Estado. El juez Alexandre de Moraes, del Tribunal Supremo, ordenó la prisión domiciliaria del ultraderechista por saltarse la prohibición de usar redes sociales días después de que Trump anunciara unos aranceles del 50% a Brasil —más altos que a ningún otro país— y de que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos impusiera sanciones económicas al propio juez con el argumento de que Bolsonaro es víctima de una caza de brujas.
El juez Moraes, de 56 años, deja bien claro en su última decisión judicial que nadie está por encima de la ley, ni siquiera el anterior jefe del Estado y actual líder de la oposición. “La justicia es ciega, pero no es tonta”, afirma en el auto, donde añade: “La justicia no permitirá que un procesado se burle, creyendo que quedará impune por tener poder político y económico. La justicia es igual para todos”. Los abogados de Bolsonaro niegan que haya incumplido ninguna orden. Al expresidente ya le habían retirado el pasaporte y colocado una tobillera electrónica.















