Álvaro Uribe Vélez es un político incombustible. El expresidente de Colombia, condenado a 12 años de prisión domiciliaria en primera instancia por los delitos de soborno y fraude procesal en el llamado ‘juicio del siglo’, e inhabilitado para ejercer cargos públicos por ocho años, se propone seguir aglutinando a su alrededor a los sectores más conservadores del país. Protagonista en mayor o menor medida de todas las grandes citas electorales en lo que va del siglo, en carne propia o en cuerpo ajeno, el uribismo ahora apunta a las elecciones del 2026, y convoca desde ya una primera movilización en defensa de su líder este jueves 7 de agosto, a un año exacto de la posesión del próximo presidente.
El propio Uribe (Medellín, 73 años) confirmó en la audiencia del viernes que por ahora no piensa retirarse a sus cuarteles de invierno. “Esta condena, a pesar de los años que tengo, me anima a seguir luchando por Colombia y a denunciar estas anomalías, que hoy me afectan, mientras siga así el proceso de consolidación de la dictadura neocomunista que afectará a otros compatriotas”, dijo en referencia al Gobierno del izquierdista Gustavo Petro, en las antípodas ideológicas, quien cumple el tercer año de su cuatrienio.















