La reciente opinión consultiva del Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) de Naciones Unidas sobre el derecho internacional climático marca un momento crucial para la acción global. Por primera vez, el más alto tribunal de la ONU ha afirmado que los E...

stados tienen la obligación legal de proteger el medio ambiente frente a las emisiones de gases de efecto invernadero y que el deber jurídico deriva tanto del derecho ambiental como de los tratados internacionales de derechos humanos. El mensaje es claro: no actuar frente al cambio climático ya no es solo una irresponsabilidad política o moral; es una violación del derecho internacional.

La decisión del tribunal ha sido adoptada por unanimidad, algo que apenas ha ocurrido cinco veces en los 80 años de historia de este organismo. Tampoco antes se había registrado un nivel de participación semejante en un procedimiento del Tribunal Internacional de Justicia, ni de su predecesor, el Tribunal Permanente de Justicia Internacional.

Este pronunciamiento es, por tanto, histórico y llega además en un momento decisivo. La emergencia climática se acelera y sus efectos son cada vez más evidentes: incendios devastadores, sequías prolongadas, olas de calor extremas, fuertes inundaciones y pérdida de biodiversidad. Todo ello amenaza vidas, economías y, por ende, la estabilidad global. Pero también crece la conciencia de que esta crisis no puede enfrentarse de forma aislada. En este contexto, el fallo del tribunal es claro: ningún país puede permitirse renunciar a sus obligaciones, pues sería un hecho internacionalmente ilícito.