Podrán cambiar los objetivos, las franjas de la camiseta e incluso los rostros en las taquillas del vestuario, pero en el Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone hay dos factores que se mantienen inalterables al paso del tiempo: las manos salvadoras de Jan Oblak, duodécima campaña ya como guardián de la portería colchonera, y el 4-4-2 de los últimos años.
La novedad en Do Dragao, primer encuentro de la pretemporada frente a un Oporto en constante reconstrucción, estuvo, no obstante, en el flanco izquierdo, donde un Cholo aún en manga corta —pero siempre de negro, como sus trajes— hizo debutar a dos de los seis fichajes: el italiano Matteo Ruggeri, 23 años, lateral modélico y cumplidor procedente del Atalanta; y Álex Baena, internacional con España y, a sus 24 años, responsable de inventar, generar y nutrir de ocasiones a Julián Álvarez y Alexander Sorloth en el último tercio del campo.
Precisamente por el flanco de los dos últimos futbolistas en llegar cayó el primer y único tanto del partido al borde del descanso, un derechazo cruzado desde el interior del área de Victor Froholdt, danés que, a sus 19 años y recién llegado desde el Copenhague a cambio de 20 millones de euros, ha presentado serias credenciales para llevar el timón del Oporto como ya ha hecho, pese a su insultante juventud, en la selección absoluta de su país.






