La historia de cómo unas monjas se deshicieron de una gran parte del patrimonio del Real Monasterio de Sijena, en Huesca, ha vuelto a convertirse en un encarnizado debate cultural, político y judicial entre el Gobierno de Aragón, el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), Patrimonio Naciona...
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l y la Generalitat. Una sentencia del Tribunal Supremo avaló el 28 de mayo que los murales que expone el MNAC vuelvan a su lugar de origen. Pero estas no son las únicas obras que se dispersaron del que fue un gran centro religioso y cultural desde el siglo XII. Otras piezas del monasterio emprendieron distintos periplos por España y por el mundo desde el siglo XIX hasta 2018, cuando el Museo Meadows de Dallas, en Estados Unidos, fue una de las últimas instituciones culturales en adquirir una pintura salida del edificio oscense.
El conocido como tesoro de Sijena empezó a desmembrarse cuando el Barroco irrumpió en España. En ese momento el estilo renacentista pasó de moda y, en consecuencia, el retablo mayor del monasterio, diseñado por el conocido como maestro de Sijena, identificado por un documento notarial como Rodrigo de Sagonia, entre 1515 y 1520, se desmontó para actualizarlo según dictaba la nueva moda barroca. Las tablas de este importante espacio se descolgaron y se guardaron.






