Antes incluso de que la bocina retumbara el pasado 13 de junio en el Roberto Rodríguez Estrello de La Palma, Sara Okeke (Alcorcón, 17 años) giró la mirada hacia el banquillo local y comenzó a brincar de alegría. Con 23 puntos y siete rebotes, la pívot madrileña acababa de guiar a España a otro Eurobasket sub-18, el sexto de su historia, motivo suficiente para ser incluida en el quinteto ideal del torneo junto a otra española, la base Gina García. El orgullo de los padres de Okeke derramó en lágrimas pocos segundos después, cuando se anunció por todo lo alto que su hija, Sarita, había sido designada como la MVP del torneo. “No me lo esperaba, la verdad; menos aún después de haber empezado el torneo lesionada”, confiesa ella a EL PAÍS, “fuimos un equipo muy completo y era un premio que se merecían muchas compañeras”.

En el avión de regreso a Madrid, ya en la mañana del posterior lunes, Okeke, aún exultante, arqueó las cejas al toparse con un titular de prensa, asegura, poco afortunado. En él no se ensalzaba su figura por el desempeño deportivo mostrado en La Palma, sino por la singularidad de haber crecido en una familia de acogida. “Claro, yo no entendía nada”, explica la pívot, que cumplirá la mayoría de edad el próximo 16 de noviembre. “Acabábamos de ser campeonas de Europa, habíamos hecho un torneo espectacular como equipo, me habían elegido MVP y lo primero que vi fue eso, no sé, como si yo fuera una pobrecita o tuviera que dar pena”.