El apagón que sacudió el sistema eléctrico español el pasado mes de abril ha servido para que se alcen algunas voces que piden prorrogar la vida útil de las centrales nucleares con el pretendido argumento de que esta tecnología nos protegerá de futuros apagones. Sin embargo, esa idea ignora elementos determinantes tanto técnicos, económicos como legales y podría hipotecar nuestro futuro energético, suponiendo un freno al imprescindible despliegue de las energías renovables.

Los reactores nucleares españoles son una tecnología rígida y constante, es decir, el peor acompañante en una situación de emergencia como puede ser un apagón, y un enemigo de un mix energético que apuesta por las renovables y que necesita apoyos para dar soporte a la intermitencia que éstas tienen. No es ni una solución a un apagón, ni el tipo de energía que necesita sobre un mix eléctrico que requiere flexibilidad y una mejor capacidad de gestión. Al contrario, su continuidad impide avanzar hacia sistemas más ágiles y mejor preparados ante desafíos energéticos complejos. Sistemas que ya existen y que permiten tener mayor flexibilidad ante imprevistos y a la par, favorecer la implantación de renovables, tal como indica el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC).