El mestizaje de géneros y el lenguaje más literario se alían para crear biografías noveladas. Más de una docena escritores de España y América Latina han desacralizado en los últimos años el género biográfico canónico para recrear o novelar sin faltar a la verdad. Lo hacen “con herramientas más propias de la ficción, pero sin inventar cosas, para extraer aspectos significativos de estas vidas que las vidas no cuentan por sí mismas”, explica Juan Gabriel Vásquez, autor de Los nombres de Feliza (Alfaguara), sobre la artista colombiana Feliza Bursztyn, que “murió de tristeza”, según Gabriel García Márquez.
La corriente se ha consolidado en el último lustro con nombres como Jazmina Barrera con La reina de espadas, sobre Elena Garro; Monika Zgustová con Soy Milena de Praga, sobre Milena Jesenská, amiga de Franz Kafka; Leila Guerriero con La llamada, sobre Silvia Labayru, secuestrada y torturada en la dictadura argentina; Ignacio Peyró con El español que enamoró al mundo, sobre Julio Iglesias; Liliana Viola con Esta no soy yo, sobre la escritora Aurora Venturini; Javier Santiso con Un paso a dos, sobre Edward Hopper; Gabriela Cabezón Cámara con Las niñas del naranjel, sobre la monja alférez; Cristina Rivera Garza con El invencible verano de Liliana, sobre su hermana; Andrés Neuman con Hasta que empieza a brillar, sobre María Moliner; William Ospina con Pondré mi oído en la piedra hasta que hable, sobre Humboldt; Javier Cercas con El loco de Dios en el fin del mundo, sobre el papa Francisco, o María Isabel Sánchez Vegara con sus biografías ilustradas para niños.






