‘Notas para una autobiografía’ reúne muchas de las entrevistas concedidas por el escritor entre 1975 y 2003. Más que trazar un retrato íntimo, el libro ahonda en la confusión entre vida y obra que el chileno abordó en sus novelas
Dar una entrevista es como hacer cualquier otra cosa; por ejemplo, algo que no se parezca en nada a dar una entrevista, como gritarle a un desconocido al otro lado de la calle o jugar al tenis sin un oponente. De a ratos, es como el largo martirio de ser “pisoteado hasta la muerte por los gansos” del que habló Søren Kierkegaard. Una agonía insostenible en la que —a menudo— alguien que no sabe preguntar interroga a una persona que no puede responder y sólo piensa en la salida de emergencia. Y sin embargo, seguimos dando entrevistas, y haciéndolas, y
tm="">Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003) concedió muchas a lo largo de su vida; en especial, durante los algo menos de diez años que van de La literatura nazi en América (1996) hasta su muerte.
Notas para una autobiografía reúne 60 de esas entrevistas, que no trazan el retrato íntimo del autor de Los detectives salvajes —que está en sus libretas y en la correspondencia, ambas inéditas— sino el del modo en que éste irrumpió en la literatura en español y creó la confusión entre literatura y vida que asociamos con su obra. De la primera de esas entrevistas, en la que un Bolaño de poco más de 20 años de edad afirmaba que “hablar de mi obra todavía no me parece pertinente” —y aquí la palabra clave es “todavía”—, hasta la última, en la que sólo decía querer ya “el premio de poder escribir cada día”, Notas para una autobiografía es un ejemplo de que los buenos escritores se valen siempre de las entrevistas que se les hacen para enmarcar y dar forma a su obra recortándola así del fondo algo gris de la literatura de su época.






