Fue en un partido Sevilla-Getafe, en el agosto de 2007. Rondaba el minuto 30 cuando el futbolista Antonio Puerta, de 22 años, se desplomaba en el campo, a pocos metros de la portería. Millones de espectadores presenciaron la escena en directo, desde el estadio o a través de sus televisores. Esos segundos eternos, la confusión y la respuesta inmediata de sus compañeros, que se lanzaron a socorrerlo abriéndole la boca y metiéndole los dedos con la intención, se explicó luego, de que “no se tragase la lengua”. Puerta recuperó la consciencia a los pocos segundos y salió del campo por su propio pie, pero sufrió una parada cardiorrespiratoria en el vestuario y falleció tres días más tarde a consecuencia de las secuelas del fallo cardíaco.
Su caso conmocionó al mundo del fútbol y engrosó esa macabra lista de deportistas que se desvanecen de repente, en medio de un torneo, ante la atónita mirada del mundo. Como el reciente episodio del jugador danés Christian Eriksen, que perdió el conocimiento durante un partido contra Finlandia en la Eurocopa de 2021. Sus compañeros también actuaron “para evitar que se tragara la lengua”, informaron los medios posteriormente, aunque luego también recibió reanimación cardiopulmonar y desfibrilación, y terminó recuperándose.







