Cuando Antonio Martínez se enteró de que Paul McCartney había estado de incógnito en su pueblo —Villajoyosa, Alicante—, era demasiado pequeño para que aquello le impresionara. Lo supo viendo un álbum de recortes que su hermana mayor, fan de los Beatles, iba confeccionando. Antonio no le dio mayor importancia a aquel asunto: los Beatles eran una constante en su casa porque Juana ponía su música y hablaba de ellos todo el rato. Fue años después, siendo adolescente, cuando descubrió al grupo. “Yo escuchaba a Depeche Mode, Michael Jackson, Madonna, cosas de ese momento. Y un día, revisando discos viejos, me dio por poner Revolver y Rubber Soul y terminé enganchado a ellos”.
La clave de la visita casi secreta de McCartney a Villajoyosa estaba en una foto sacada de un periódico. Había sido tomada en un hotel de lujo del pueblo y en ella se veía a Paul y Linda con sus hijas, Stella y Mary, posando con el director. “Muchas veces me planteé acercarme al hotel, que está a cinco minutos de mi casa, y preguntar. En otros tiempos se alojaron allí famosos como Raphael, Julio Iglesias o Lola Flores. Pero soy muy tímido y pensé que si me presentaba en el hotel no me harían caso”. No fue hasta el año 2000, en una convención de fans de los Beatles celebrada en el pueblo valenciano de Catarroja, que Antonio se planteó investigar más sobre aquel viaje. “Alguien dio una charla acerca de la relación de los Beatles con España. Es sabido que John rodó en Almería, y que Ringo hizo allí un spaghetti western. También se dice que George estuvo en Ibiza con Eric Clapton. En la charla se comentó que Paul había estado de vacaciones en Benidorm tras la ruptura de los Beatles, dato que yo sabía que era inexacto. Eso me animó a averiguar lo que pudiera sobre aquella historia”.






