Dos kilómetros separan la sede en el barrio de Salamanca de Equipo Económico, el despacho investigado como centro neurálgico de una trama de corrupción, con la Real Casa de la Aduana, flamante sede del Ministerio de Hacienda desde el que ejerció con puño de hierro Cristóbal Montoro. Más allá de la distancia física, lo que al juez que investiga el caso le interesa es si la proximidad personal entre quienes habitaban ambas dependencias conformó un tándem organizado para influir en todo un Congreso de los Diputados, en favor de intereses empresariales que pasaban por caja. Un triángulo perfectamente delimitado en los mapas que un juez de Tarragona investiga desde 2018 para aclarar si también estaba conectado de manera oculta e ilegal.
La corrosión democrática que implica este caso, que investiga la captura del legislador en lugar de las habituales tramas que corrompen los poderes ejecutivos, bien podría tener su embrión en la debilidad humana. Fuentes que estuvieron en el germen de Montoro y Asociados y que conocen bien al exministro glosan los apuros económicos que sufrieron los hermanos Montoro durante su niñez en el Jaén franquista de los años 50. Suficiente para forjar carácter y para dotar al expolítico de una cierta superioridad intelectual, propia de quien considera que su éxito profesional es fruto del esfuerzo personal y familiar.







