Cleopatra, Isabel I e Isabel II de Inglaterra, la reina Carlota, la zarina Catalina La Grande… en la extensa carrera de Helen Mirren los personajes de grandes mujeres de la historia de la realeza son una constante. Algunos de estos papeles le han proporcionado asombrosos éxitos (el Oscar, Globo de Oro y Bafta ...
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que se llevó por la película La reina (2006), sobre la vida de Isabel II) y otros han pasado más desapercibidos, pero todos han contribuido a consolidar su imagen como una actriz más que solvente, un apellido poderoso que no necesita convencer a los espectadores: si sale Mirren, probablemente será buena.
La británica ha conseguido labrarse un nombre en la industria cinematográfica y a sus 80 años, que cumple este sábado 26 de julio, continúa afrontando nuevos retos interpretativos. En lo que va de año, ha estrenado dos series y en los próximos meses se la verá, al menos, en otros tres proyectos. Una prolífica trayectoria que comenzó cuando era apenas una adolescente.
Mirren nació con el nombre de Ilyena Lydia Vasilievna Mironov, una pista evidente de sus orígenes. Su padre había abandonado Rusia cuando tenía dos años junto a su familia, perteneciente a la nobleza. La bisabuela de Mirren era la condesa Lydia Andreevna Kamenskaya y su abuelo, coronel en el Ejército Imperial Ruso, y más tarde diplomático al servicio del zar Nicolás II. La familia estaba en el Reino Unido cuando estalló la Revolución de 1917 y ya no pudo regresar, asentándose en Londres. Su abuelo trabajaría entonces como taxista, uno de los oficios que también desempeñaría su padre. En un momento dado, el patriarca cambió el apellido familiar por Mirren para que sonara más británico.











