Algo ha quedado en la mente de los más pequeños de Paiporta (Valencia) cuando, meses después de la dana que sesgó la vida de 228 personas, los alumnos de Educación Infantil del CEIP Rosa Serrano se llevaban todavía las manos a la cabeza en días de mucho viento porque les daba miedo. Y porque hay muchas formas de verbalizar lo que no puedes hacer verbalmente. “Cada vez que llueve, estás pensando “¿estarán mis abuelos en el bajo? ¿Y mis padres en casa? ¿Y si no se enteran y luego no pueden subir?“ Siempre estás con la ansiedad de no saber, de que vuelva a pasar. Tengo una amiga que vive cerca del barranco y [si llueve] le mando un mensaje: ”Lucía, ¿está el barranco lleno? ¿Lleva agua?“, confiesa Paula Saiz, estudiante de 17 años de primero de Bachillerato en el IES 25 de abril de Alfafar.

Volver a la normalidad, o a un atisbo de ella, ha sido un verdadero desafío en las escuelas valencianas afectadas por la dana, que en muchos casos tuvieron que desplazarse a otros centros para reanudar el curso en régimen de acogida, una vez el caos de las primeras semanas permitió a los centros reabrir sus puertas. Ya sea por la pérdida de familiares, amigos, casas o coches, la tragedia no dejó indiferente a nadie, y durante meses tuvieron que hacer frente a las consecuencias psicológicas, emocionales y materiales de las inundaciones que asolaron gran parte de la provincia de Valencia. La mayoría no regresará a la normalidad hasta septiembre.