El mundo de la moda puede adquirir tintes de museo. Se pueden admirar las páginas de un catálogo actual o clásico con la misma atención del paseante por las galerías mientras recorre los cuadros en silencio. En ambas situaciones se da el mismo riesgo: el lanzamiento de un estímulo, la captación de una historia, el gusto y la belleza de la propuesta que quieren atraparnos. «Colores acidulados, boleros bordados, chales vaporosos, abrigos capa, drapeados de raso o de tafetán que parten de la cintura o de la espalda, efectos de sombra y de luz producidos por el volumen de los pliegues, espectacular tratamiento de las telas: todo contribuye a deslumbrarnos», escribe en una de las páginas finales del ensayo.

Es probable que Florence Delay (París, 1941-2025) pase a la historia por el breve legado cinematográfico que dejó, gracias a su papel protagonista en El proceso de Juana de Arco (1962), de Robert Bresson, y por ser la voz narradora del documental Sans soleil (1983), de Chris Marker. Pero fue una firma tan discreta como destacada dentro de las letras francesas —premio Femina en 1983 por su novela Riche et légère (Gallimard)—, con una profunda conexión con España gracias a su labor traductora de autores como Calderón de la Barca, José Bergamín o Lope de Vega y su investigación humanista hispánica.