Que se pare el mundo para celebrar una bicicleta. En junio, la enfermera Cherry Tong viajó de Hong Kong a Londres, de miércoles a domingo, entre dos guardias del hospital donde trabaja, solo para correr el campeonato mundial de Brompton y conocer a fans como ella. Incondicionales de la bici plegable hecha a mano en Londres y reconocible por su forma: rara o feísima para unos, un prodigio del diseño para otros. Peter Hutchinson no se pierde una, vestido de escocés. También estaba Andrew Barnett, conductor de autobús londinense. Laura, Jorge y Lázaro se conocen de chats de forofos y volaron a la capital del Reino Unido desde Canarias, Madrid y Barcelona.
Son parte de la legión de fans de una bici pequeña, compacta, nerviosa pero sólida, de marchas cortas y muy fácil de plegar y desplegar que este año celebra medio siglo. La marca tiene 300 grupos de fans en 98 ciudades que suman medio millón de personas, recuenta el jefe de Comunidades, Peter Yuskauskas. La carrera anual, este año en un circuito habilitado de King’s Cross, en Londres, es un festival donde los participantes visten de traje o se disfrazan y el tiempo comienza a correr antes de que desplieguen sus bicis. Con fama de pija, el precio de una brompton va de los 1.100 hasta los casi 5.000 euros.






