En política, los muertos mal enterrados regresan con afán de venganza y peligro redoblado. Jeremy Corbyn, el líder del Partido Laborista que el actual primer ministro británico, Keir Starmer, defenestró, humilló y expulsó del partido, ha anunciado este jueves la creación de una nueva formación destinada a arremeter contra “los ricos y los poderosos” y a capitalizar un voto de izquierdas profundamente decepcionado con el actual Gobierno. No podía elegir mejor momento, cuando Starmer ha tenido que redoblar esfuerzos para frenar una rebelión de más de 100 diputados contra sus recortes sociales.
“Ha llegado la hora de un nuevo tipo de partido político. Uno que esté enraizado en nuestras comunidades, sindicatos y movimientos sociales. Uno que construya poder en todas las regiones y naciones [el Reino Unido lo componen cuatro ‘naciones’: Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte]. Uno que te pertenezca a ti”, ha escrito Corbyn en un comunicado destinado a construir base y recabar apoyos entre los votantes y afiliados laboristas desencantados.
El veterano político, con 76 años, militaba en el laborismo desde su adolescencia. Adscrito a la corriente izquierdista del histórico Tony Benn, fue marginado durante la etapa de Tony Blair. Su ocasión llegó en 2015, cuando los años de austeridad de los gobiernos conservadores impulsaron un descontento popular que comenzó a ver con buenos ojos las recetas tradicionales del progresismo británico. Respaldado por un nuevo movimiento, Momentum, muy cercano a lo que en España pudo ser el 15-M, pero más organizado e inmerso en el Partido Laborista como una de sus corrientes, Corbyn logró hacerse con el liderazgo de la izquierda.











