El Estado de Guerrero es conocido como uno de los lugares más violentos de México, una zona clave para la producción y el trasiego de drogas, especialmente de amapola, disputada entre cárteles. Allí se encuentra Taxco, la ciudad donde nació Yael Martínez (Guerrero, 41 años). En 2013, asesinaron a su cuñado. Meses después, desaparecieron dos familiares más. Durante el año siguiente, el Estado registró un récord de 247 personas desaparecidas, entre ellas los 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, una tragedia que es considerada una de las grandes vergüenzas del México moderno, aún sin resolver.
Dentro de ese contexto marcado por la violencia, el trauma, el dolor y el silencio que trae consigo toda ausencia, el fotógrafo ha ido desarrollando un lenguaje visual que se presenta como una representación simbólica del espacio habitado. Para él, la fotografía es un medio de transformación que se vincula con otras disciplinas para posibilitar nuevas experiencias de representación. El fruto más reciente de esta trayectoria es el fotolibro Luciérnagas (This Book is True, 2025), —cuya presentación tendrá lugar mañana en Madrid, en el Estudio Milagros—, una forma de confrontar y liberar las heridas profundas que persisten en los lugares donde la memoria colectiva está poblada por los fantasmas de un pasado, a veces, no tan lejano.






